La casta se queda huérfana: el rey abdica

reyEl rey Juan Carlos se jubila. Este es el hecho esperado por más de la mitad de los españoles desde hacía décadas. Los voceros del sistema pagados por los grandes grupos mediáticos glosarán sus haberes: dio a los españoles una Constitución que defendió con uñas y dientes la noche del 23F, trajo el progreso a un país en vías de desarrollo y fue el mejor embajador en el extranjero.

Pero la verdad oficial no es la verdad real. Los falangistas tenemos memoria. Y los españoles también. El ciudadano Juan Carlos de Borbón fue un heredero impuesto en el trono por el General Franco. Para perpetuarse en él, debía crear un halo de legitimidad que le dió Suárez. Juntos montaron la gran farsa del 23F para desmontar un autogolpe que le generara las simpatías que por aquel entonces no tenía.

Desde esa posición, ya era fácil diseñar un país a medida de la casta: Suárez fue el primer político profesional, e implantó su modelo con el beneplácito del monarca. Cuarenta años en los que la Casa Real, ha visto impasible, ver morir a un millar de españoles a manos del terrorismo etarra, sin que ello les impidiese conchabear on el PNV o con CiU. Así mismo, los atentados del 11M no impiden al rey compadrear con quienes subvencionan a al Qaeda, como el rey de Arabia Saudí.

Don Juan Carlos, además, ha demostrado ser un auténtico tirano, al permitir el aborto en el pais que reinaba, máxime con el ejemplo del rey Balduino de Bélgica, quien se acogió a una incapacidad temporal para no firmar la ley del aborto. “Vendió” la provincia 52, el Sáhara Español, a su gran amigo Hassán II de Marruecos a cambio de pingües negocios.

Sus cuentas en Suiza, su elevado tren de vida… los escándalos de robo y corrupción de su familia… el rey ha actuado como el Borbón que es, y ha elegido un momento tan crítico para la Historia de España, en la que se hacía falta un guía para el pueblo.

Un rey con apariencia de alfeñique que cierra una triste etapa de la Historia de España, a la que los historiadores deberán aportar la luz que hoy los vocingleros heraldos del reino nos impiden apreciar.

La incertidumbre se abre ante el pueblo español: ¿un nuevo rey continuísta en el príncipe Felipe? ¿La llegada del temido federalismo? ¿Cambios constitucionales?

En cualquier caso, los falangistas nos reafirmamos en nuestra postura republicana: La más alta magistratura de España no puede ser heredada por una familia. El gobierno debe estar en manos de los mejores, y éstos deben tener voluntad de servir y no de ser servidos. Por ello todos los españoles deberían tener la posibilidad de ocupar la jefatura del Estado, al margen del apellido con el que estén inscritos en el Registro Civil.

¡Por una república nacional y Sindical!
¡Por una España Libre de Tiranos!