Si el Gobierno accede a las pretensiones de CiU será complice de traición a España

El Consejero de Justicia del parlamento autonómico catalán ha sido tajante: Germà Gordó ha señalado que una consulta de autodeterminación sólo sería posible en el marco de un acuerdo con el Estado. La majadería que supone que el Estado se pregunte así mismo sobre su suicidio es, pese a todo, posible en esta España agónica.

CiU siempre ha sido ágil socia de gobierno de la derecha española. Desde los tiempos del tándem Aznar-Pujol, los separatistas catalanes han sabido muy bien a que carta jugar. El tripartito fue el clímax de una política pactista que ellos mismos presuponen agotada. La circunstancia obliga entonces a subir un nivel más en espiral de traición a España y exigir el autogobierno planteando la ruptura.

El Gobierno de España no ha sabido gestionar esta crisis política. El PP no puede ser convidado de piedra en esta situación. Un partido en el que muchos de sus militantes comparten la misma visión visión que de España tienen los afiliados a CiU o ERC no pueden velar por los intereses generales del Estado.

El Partido Popular no puede eludir su responsabilidad y dejar en manos de los separatistas la cuestión de la Unidad de España. Debe asegurar a todos los españoles que la unidad del país está asegurada y que los no alineados con los separatistas no corren peligro físico.

España sin Cataluña no es España.