Merecemos pensiones dignas. Porque nos lo hemos trabajado

El cuento de las pensiones parece la historia interminable y repetitiva. Pero no por ello, menos candente y descarnada. Sobre todo desde el advenimiento de esta ¿democracia? ¿Y por qué?

Todos y cada uno de los altos cargos, incluyendo senadores, diputados, etc.…, tienen unos privilegios que jamás deberían tener, como el disfrutar de un complemento específico hasta que se jubilen cuando hayan ocupado un cargo. Tampoco deberían existir complementos jugosos por asistencia a consejos de administración de cualquier tipo de empresas y, menos todavía, si éstas son públicas o análogas. O percibiendo dietas en forma de salario indirecto, comidas, viajes, herramientas informáticas, etc.

Tampoco es de recibo el mantenimiento de inmunidad o fuero cuando estamos en un sistema que se supone democrático, social y de derecho. Aunque, bien pensado, ¿cabría llamarle sistema partitocrático?

Una serie interminable de privilegios ostentados por una serie de personas que, amparándose en un supuesto derecho, pretenden defenderlos a capa y espada. A día de hoy, no suponen más que un supuesto “derecho” arcaico y en desuso.

Haciendo de la “puerta giratoria” una vía de escape para uso personal y para unos pocos. Evidentemente, no van a dejar de percibir esos privilegios por sí mismos, dado que lo consideran “válido y adecuado”.

Cuando todo ello sale de los impuestos que pagamos todos y cada uno de los españoles. Cuando hay españoles que perciben una pensión o sueldo mísero e inadecuado para vivir dignamente. Cuando a los españoles nos “fríen” a base de impuestos, mientras esas pensiones y sueldos de dicha “casta política” suben de forma “válidamente adecuada”.

Y, a pesar de las quejas de los españoles, a pesar de lo injusto socialmente que suponen esos privilegios, los políticos hacen oídos sordos, no solo a las quejas, sino a una situación escandalosa por la que pasan una interminable cantidad de personas de forma permanente y constante.

Pretenden retrasar la edad de jubilación de la mayoría de las personas, mientras que ellos, con solo siete años, pueden acceder a la pensión y bien alta que es. Mientras que el resto de los mortales, necesitamos al menos 35 años y tener 60 años, mínimo, para obtenerla e, incluso, muchos, solo pueden llegar a una paupérrima pensión.

¿Esto es Justicia Social? ¿Esto es un Estado democrático social y de derecho? Porque no será Alicia en el País de las maravillas, ¿será Ali Babá y los 40 ladrones? ¿O nos contarán el cuento de Pinocho?
No podemos quedarnos parados, las pensiones son nuestras, porque nuestros han sido el trabajo y el esfuerzo continuo que, a lo largo de los años, todos los españoles, todos los trabajadores, hemos estado al pie del cañón, cotizando, mes a mes, año tras año, para ello, por una pensión digna, que merecen todos aquellos que se lo han currado.

¿Los políticos pueden decir lo mismo?

Falange Española de las JONS