La Hoja de Ruta separatista se marca un nuevo tanto

image_content_4213451_20160109183245El culebrón catalán parece llegar a su fin desafiando las leyes más elementales de la política. Lo que el amor al pueblo catalán no ha conseguido, lo ha logrado sin embargo el odio a España y a los españoles. Un odio, gracias al cual Junts per Sí y la CUP han fumado la pipa de la paz. En otras palabras, la derechona más recalcitrante, la que encarna los peores valores de la burguesía catalana, la que explota a los trabajadores, la que defrauda y roba al pueblo catalán, se ha aliado con la extrema izquierda. Ha elegido como compañeros de viaje a los que queman contenedores, a los hipócritas que denuncian el capitalismo pero viven de él, a los abertzales catalanes, a esos mismos que se sienten explotados por quienes ahora son seducidos. Explotados y explotadores se han puesto de acuerdo para reventar España, ante la inacción del poder judicial.

Los dos sacrificados han sido Artur Mas y el madrileño Romeva. Será por lo tanto el radical Carles Puigdemont, el nuevo presidente del parlamento autonómico catalán. Este sujeto, presidente Associació de Municipis per la Independència (AMI), la plataforma responsable de organizar las primeras consultas por la independencia, entre 2009 y 2011 y motor -junto a la ANC y Òmnium- de las mayores movilizaciones en favor de la secesión, será la nueva cara visible del separatismo.

Y los grandes perjudicados, los catalanes. Los que menos nos importan, son los que votaron a Artur Mas para acabar tragando con Puigdemont o cómo dar gato por liebre electoralmente hablando (extraño concepto de democracia el de los separatistas). Pero por otro, nos posicionamos al lado de los catalanes que no son independentistas, que seguirán sufriendo el acoso de los matones de la CUP y de ERC, los niños que seguirán sin poder ser elegir si ser educados en español y las víctimas de la corrupción que seguirá campando por Cataluña. La “Era Mas”, que cerró quirófanos para pagar embajadas en el extranjero, puede dar una nueva vuelta y dar paso a la “Era Puigdemont”. Los falangistas haremos cuanto esté a nuestro alcance, para evitar la segregación. Por el momento, pedimos la suspensión de la autonomía catalana, la detención de los responsables y la depuración judicial de responsabilidades. Los falangistas lucharemos para evitar la ruptura de España, y la supuesta vía salvadora del federalismo que la izquierda intenta forzar a toda costa, ante la complacencia de Felipe VI, que observa desde su trono como se consume la Patria.