El Reino Unido marca el futuro de Europa

3500Los falangistas nunca hemos sido entusiastas seguidores del Reino Unido. Sus hechos pasados y presentes demuestran que han antepuesto, a lo largo de su dilatada historia, los intereses materiales sobre la dignidad humana. Reino Unido ha sido quien mejor ha representado, lamentablemente, el concepto occidental de colonialismo, esquilmando territorios y masacrando comunidades enteras. Sin embargo no cabe duda de que se trata de una gran nación. Eso lo demuestra la fe que su pueblo siempre ha tenido en sus representantes, y la responsabilidad con la que éstos han desempeñado su cargo desde el sentido de Estado, desde el afán por engrandecer su país. Los británicos, haciendo gala de su flema, siempre han sabido defender lo suyo.

Por ello no nos ha sorprendido su reclamación de un status especial dentro de ese tiránico engendro que se llama Unión Europea. En Londres saben que la UE es un gran cuento chino. Solo unos cuantos desinformados se sienten europeos de verdad. Los demás sabemos que es el negocio del eje franco-alemán para ampliar un mercado interior que llenar de bienes de consumo producidos en París, Frankfurt o Munich, mientras a cambio nos compran patatas tomates y pimientos a precios de risa.

Por eso los británicos nunca quisieron adherirse al euro, que ha empobracido a tantas familias españolas. Nunca han querido ratificar muchos de los pactos de reducción de flotas pesqueras, de cupos lácteos o arrancamiento de viñas. Y como nunca se han sentido parte de ese proyecto, han tenido independencia frente a Bruselas. El reino Unido tiene soberanía económica, pudiendo legislar libremente con su moneda. El Reino Unido no depende de Bruselas para implantar políticas de fomento de empleo. El Reino Unido dispone de instituciones nacionales tan fuertes, que apenas acusa la injerencia del tribunal europeo.

Hace unos días Cameros dejaba claro que la Unión Europea no era su proyecto. Esperemos que próximamente nuevos países sigan el ejemplo británico, y volvamos a recuperar la soberanía y la independencia que un día nos arrebataron, bajo el fácil señuelo de la modernidad y el materialismo.