El Partido Popular, podrido de corrupción

Los falangistas llevamos décadas denunciando que la partitocracia es un entramado criminal. Los escándalos de corrupción que salpican toda la geografía española alcanzan a los principales partidos parlamentarios nacionales y autonómicos, quienes hipócritamente han tenido por costumbre reprochar la corrupción ajena y restar importancia a la propia.

Ahora le ha tocado el turno a Eduardo Zaplana, ex Ministro de Trabajo y ex Presidente de la Generalitat de Valencia y actualmente consejero de Telefónica. La Guardia Civil le ha detenido como posible responsable de delitos de blanqueo, malversación y prevaricación. Otro miembro del gabinete de José María Aznar queda públicamente en entredicho y desde el Partido Popular se limitan a suspender su militancia para, a partir de ahora, limitarse a decir que ese señor ya no es del PP.

La detención de Zaplana tiene lugar el mismo día que se ha conocido la imputación del Nº 2 de Hacienda –José Enrique Fernández de Moya– por prevaricación administrativa continuada, falsedad en documento mercantil, malversación de caudales públicos continuado y cohecho y tráfico de influencias durante su etapa como alcalde de Jaén.

También en estos días las universidades Complutense y Rey Juan Carlos anuncian su intención de abrir investigaciones sobre los estudios del diputado popular Pablo Casado. Tras lo sucedido con Cristina Cifuentes, las sospechas sobre un posible trato de favor no serían descabelladas. Es complicado creer que Pablo Casado se convirtiera de la noche a la mañana en un estudiante ejemplar, precisamente cuando accedió a la Asamblea de Madrid.

Ambos casos son todo un síntoma de la impunidad y superioridad con que los políticos profesionales se mueven en España. Mientras los trabajadores y los estudiantes llegan con dificultades a final de mes y están obligados a rendir más allá de lo posible en sus ámbitos, representantes públicos como Eduardo Zaplana y Pablo Casado reciben sueldos generosos y aprobados con una facilidad insultante.

La nueva generación del Partido Popular no va a regenerar las instituciones y mucho menos a su propio partido. La vida cómoda de los políticos del Régimen no sería posible sin una clase trabajadora con empleos precarios y unos estudiantes con pocos recursos. Es el pueblo español quien debe dar el primer paso para eliminar a estos parásitos de la vida pública. Y ese primer paso debe ser retirarles el apoyo electoral.

Como hemos hecho siempre, los falangistas ofrecemos nuestras filas a aquellos que quieran luchar por una España socialmente más justa y políticamente más limpia. Echar de las instituciones a los corruptos, sean del Partido Popular o de cualquier otro, es responsabilidad de todos.

Falange Española de las JONS
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