La Constitución actual es garante del régimen del 78

Constitucion_de_1978La Constitución actual es garante del régimen del 78. El ex-rey Juan Carlos, diseñó con los dirigentes de una parte de los partidos políticos españoles un régimen hecho por y para ellos. AP-PP, PSOE, PCE-IU, CiU, CDS y PNV fueron sus principales valedores. Se nos vende continuamente la Constitución como un documento imprescindible para la vida política y aun la mera existencia del país. Mentira.

Lo cierto es que España puede seguir funcionando con una Constitución, un Estatuto de los Españoles, o cualquier documento legal al que se otorgue un contenido de tal importancia para la nación, que defina los derechos y deberes de los españoles. La trampa es salvaguardar “esta” Constitución. Sin ella, la casta, desde la monarquía hasta el último de los partidos con aspiraciones parlamentarias quedarían sin sentido. Esa es la cuestión.

La Constitución tiene algunos, muy pocos, artículos salvables. Lo hemos icho y se nos ha criticado, pero lo cierto es que es un hecho objetivo que la defensa de la Unidad de España, el derecho a una vivienda y un trabajo digno… son artículos que cualquier español suscribiría. Pero son precisamente los mismos artículos, los más necesarios, los que sistemáticamente se incumplen. Por eso, si fuésemos los falangistas los que reformáramos la Constitución, la someteríamos a una transformación tan profunda, que no se reconocería, porque estaríamos cambiando el régimen caduco del 78. Acabaríamos así con ETA en las instituciones, con la intermediación de los partidos políticos, con la banca privada, con el ataque a la familia y a la vida de los no nacidos, y con el problema del separatismo. No necesitaríamos montar un golpe de Estado como hizo Juan Carlos I en 1981 para refrendarse, porque nuestras leyes son las del sentido común. Por eso nuestra Constitución estaría hecha por y para el pueblo español, no para una casta partitocrática. Esa es la diferencia: la actual Constitución solo la votaron unos 8 millones de españoles que siguen vivos (nacidos todos antes de 1959). Dicho de otra manera, 36 millones de españoles de todas las edades nos regimos por una ley que no hemos votado, que nos han endosado y que además no se cumple. Esta es su democracia. Por eso los falangistas, el 6 de diciembre, no tenemos nada que celebrar, y sí mucho que denunciar.