España desde Chernobyl: tres décadas sin un modelo energético

protesta-de-greenpeace-garona1Cada 25 de abril se rememora la noche de 1986 en la que se produjo el accidente nuclear más catastrófico de la Historia, que tuvo devastadoras consecuencias para la Humanidad. La carrera por la hegemonía desatada durante la Guerra Fría entre el capitalismo de EEUU y el comunismo de la URSS terminó en aquel desastre. Desde entonces, la energía nuclear ha estado en el punto de mira de las críticas no sólo del movimiento ecologista, sino de buena parte de los partidos políticos de todos los países, especialmente en España, donde se paralizó la construcción de centrales nucleares, con consecuencias que aún hoy estamos pagando, fruto de una falta de visión energética de todos los gobiernos españoles.

Necesitamos nacionalizar el sector energético

Para Falange Española de las JONS, es una prioridad la nacionalización de los recursos energéticos, debido a que somos un país energéticamente dependiente, lo que no nos hace competitivos. Nuestro actual modelo energético depende del consumo de “combustibles fósiles” procedentes del exterior (petróleo, carbón y gas), por lo que debemos buscar energías que nos devuelvan a una posición de independencia a la hora de ordenar nuestros recursos. Por otro lado, el modelo de gestión está basado, además, en la privatización de los grandes monopolios estatales, que lo eran hasta el cambio de régimen por su carácter eminentemente estratégico. Esta medida, la de poner en manos privadas la energía de todo un país, ha significado pasar de un servicio público que garantizaba el suministro de luz, agua y gas a todos los españoles, a  ser un lucrativo negocio privado, en el que unos pocos se benefician de la necesidad de todos los demás. Y por si fuera un negocio poco rentable, ha conseguido más beneficios privatizando las ganancias y socializar las pérdidas, perjudicando a las arcas públicas y al bolsillo de la economía familiar de los españoles.

Con este panorama, es fácil ver cómo la energía atómica habría suplido a corto plazo nuestra dependencia energética, pero cinco centrales en construcción fueron paralizadas en 1991, y su coste (la moratoria nuclear) fue repercutido a todos los españoles a través de una factura eléctrica que hemos terminado de pagar en el año 2015. Nuevamente han ganado todos menos el pueblo español: ganó un gobierno que rescindió unilateralmente un contrato sin depurarse ningún tipo de responsabilidad; ganaron las grandes empresas eléctricas a las que se abonó el riesgo de la inversión, haciendo un negocio tan seguro como redondo; ganaron los bancos que financiaron estas operaciones con 1300 millones de euros en intereses; y perdió nuevamente un empobrecido pueblo español que pagó los platos rotos. Así se explica como el “tarifazo eléctrico” fue impuesto a las familias españolas, que hemos tenido que pagar que pagar seis mil millones de euros del total de la deuda contraída por la moratoria nuclear del gobierno de Felipe González (hoy defensor a ultranza de la energía nuclear).

Debe primar el interés general del pueblo español

Los recursos que existen en España tienen un interés general que no puede estar en manos privadas. Agua, luz, sol, viento, metales… son elementos indispensables para nuestra manera de desenvolvernos sobre el mundo. Pero no solo exigimos la nacionalización. Los falangistas apostamos por políticas de ahorro energético, estableciendo criterios de austeridad como medida de sostener la naturaleza. Por otro lado, apostamos decididamente por las energías renovables (eólica, fotovoltaica, hidraúlica) cuyas fuentes inagotables abundan en nuestro país, y a las que el gobierno pone continuas trabas para favorecer a las grandes corporaciones frente a los pequeños productores, como el tristemente célebre “impuesto al sol”, tan ridiculizado en la esfera internacional.

En lo que respecta a la energía nuclear, consideramos que su uso como fuente de suministro supone un reto para cualquier sociedad civilizada, pues son conocidos sus peligros difícilmente equiparables a sus ventajas, que suponen un grave riesgo medioambiental. Chernobyl y Fukushima han ocurrido. El peligro es real. Pero no es menos cierto que los sistemas de seguridad actuales hacen que la energía nuclear sea un medio estable a tener en consideración de manera puntual. En cualquier caso, los falangistas apostamos por investigar alternativas hoy no viables, como la energía de fisión frente a la de fusión, por ser más segura y medioambientalmente sostenible que la segunda, esgrimida falsamente por las democracias occidentales como adalid del progreso.